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La lucha por la dignidad laboral en Perú: un llamado histórico a la reforma

  • Foto del escritor: Einjander
    Einjander
  • 21 mar 2025
  • 2 Min. de lectura

En Perú, la lucha por los derechos laborales no es nueva; es un capítulo más en una historia de resistencia que se remonta a décadas. Hoy, trabajadores de diversos sectores, liderados por la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), exigen una reforma laboral integral que aumente la sindicalización, fortalezca la negociación colectiva y eleve los salarios mínimos. Estas demandas no son solo un grito por mejores condiciones laborales, sino un eco de las batallas históricas que han marcado la relación entre el trabajo y el poder en el país.


El contexto histórico es clave para entender esta lucha. Desde principios del siglo XX, el movimiento obrero peruano ha sido un actor fundamental en la defensa de los derechos laborales. En las décadas de 1920 y 1930, bajo el liderazgo de figuras como José Carlos Mariátegui, se sentaron las bases para la organización sindical y la lucha contra la explotación laboral. Sin embargo, las conquistas logradas en ese entonces han sido erosionadas por políticas neoliberales que priorizan la flexibilización laboral sobre la dignidad del trabajador.


Hoy, los trabajadores peruanos enfrentan condiciones laborales precarias: contratos temporales, salarios insuficientes y falta de protección social. Según datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), más del 70% de los empleos en el país son informales, lo que deja a millones de personas sin acceso a beneficios básicos como seguro de salud o pensiones. Además, la sindicalización ha caído drásticamente en las últimas décadas, debilitando la capacidad de los trabajadores para negociar colectivamente.

La CGTP, fundada en 1929, ha sido una voz constante en la defensa de los derechos laborales. Hoy, sus demandas incluyen no solo aumentos salariales, sino también la creación de empleos dignos, la protección de los trabajadores informales y el fortalecimiento de los sindicatos. Sin embargo, estas exigencias chocan con un sistema que prioriza la ganancia sobre el bienestar de las personas.

Esta lucha no es solo económica; es una batalla por la dignidad humana. Como dijo Víctor Raúl Haya de la Torre, fundador del APRA: "El trabajo no es una mercancía; es la expresión de la vida humana". En un momento en que el mundo debate el futuro del trabajo, Perú tiene la oportunidad de liderar con un modelo que priorice la justicia social sobre la explotación.

La reforma laboral que exigen los trabajadores no es solo una necesidad; es un imperativo moral. Es hora de escuchar sus voces y construir un futuro donde el trabajo no sea sinónimo de precariedad, sino de dignidad y esperanza.

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