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Marx y Argentina: crítica anterior y mirada presente

  • Foto del escritor: Einjander
    Einjander
  • 15 mar 2025
  • 5 Min. de lectura

Si Karl Marx analizara la situación de Argentina desde el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) hasta el actual gobierno de Javier Milei (2023-presente), su enfoque se centraría en las estructuras económicas, las relaciones de clase y las contradicciones inherentes al sistema capitalista. Marx, con su lente materialista histórica, no solo evaluaría las políticas económicas y sociales de ambos gobiernos, sino que también profundizaría en cómo estas han afectado a las clases trabajadoras y han perpetuado las desigualdades.

El Macrismo neoliberalismo y la explotación de la clase trabajadora

Desde la perspectiva marxista, el gobierno de Mauricio Macri sería visto como un claro ejemplo de cómo el neoliberalismo explota a la clase trabajadora en beneficio de una élite económica. Marx diría que Macri, con su énfasis en la desregulación, la privatización y la reducción del Estado, no hizo más que profundizar las contradicciones del sistema capitalista en Argentina.


Para Marx, el neoliberalismo no es más que una fase avanzada del capitalismo, donde la acumulación de capital se concentra en manos de unos pocos, mientras que la mayoría de la población sufre las consecuencias de la precarización laboral, la pérdida de derechos sociales y el aumento de la pobreza. Durante el gobierno de Macri, esto se manifestó en políticas como la liberalización de los mercados, la flexibilización laboral y el endeudamiento externo masivo, que no solo aumentaron la brecha entre ricos y pobres, sino que también dejaron al país vulnerable a los vaivenes del capital financiero internacional.


Marx criticaría duramente la idea de que el mercado puede autorregularse, señalando que esta creencia no es más que una ilusión que beneficia a los capitalistas a expensas de los trabajadores. La privatización de servicios públicos esenciales, como la salud y la educación, sería vista como una forma de mercantilización de derechos básicos, convirtiéndolos en privilegios para quienes pueden pagarlos y excluyendo a quienes no. Además, Marx destacaría cómo el gobierno de Macri exacerbó la alienación de la clase trabajadora. Al reducir el papel del Estado en la provisión de bienes públicos y sociales, los trabajadores se vieron obligados a depender cada vez más del mercado para satisfacer sus necesidades básicas, lo que aumentó su vulnerabilidad y disminuyó su capacidad para organizarse y luchar por sus derechos.


El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que llevó a un endeudamiento récord de más de 44 mil millones de dólares, sería visto por Marx como una forma de subyugación neocolonial, donde las élites financieras globales imponen condiciones que perpetúan la deuda y la dependencia económica. Para Marx, este acuerdo no fue más que una herramienta para garantizar el flujo de capital hacia los acreedores internacionales, a expensas del bienestar de la población argentina.

Alberto Fernández esperanza contradictoria

El gobierno de Alberto Fernández (2019-2023) intentó revertir algunas de las políticas neoliberales de Macri, pero Marx vería en este período un ejemplo de las limitaciones de reformar el capitalismo desde dentro. Fernández llegó al poder con promesas de recuperar el Estado de bienestar y reducir la pobreza, pero su gobierno se vio marcado por la crisis económica heredada, la pandemia de COVID-19 y la falta de consenso político para implementar cambios estructurales.


Marx reconocería los esfuerzos de Fernández por expandir la asistencia social, como el IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) durante la pandemia, y su intento de renegociar la deuda con el FMI. Sin embargo, también señalaría que estas medidas no abordaron las raíces estructurales de la desigualdad: la propiedad privada de los medios de producción y la explotación del trabajo asalariado. Para Marx, el gobierno de Fernández representó un intento fallido de reconciliar los intereses de la clase trabajadora con las demandas del capital global, lo que resultó en un estancamiento económico y social.


Milei: libertarismo de contradicciones

Con la llegada de Javier Milei a la presidencia en diciembre de 2023, Argentina experimenta un giro radical hacia el libertarismo económico, un enfoque que Marx criticaría con severidad. Milei, un economista de formación liberal y defensor del anarcocapitalismo, ha promovido un programa de ajuste extremo que incluye la dolarización de la economía, la reducción del Estado a su mínima expresión y la privatización masiva de servicios públicos.


Para Marx, el gobierno de Milei representaría la culminación de las tendencias más destructivas del capitalismo: la mercantilización total de la vida social y la concentración del poder en manos de una élite económica. Marx vería en la dolarización una forma de renunciar a la soberanía monetaria y económica, sometiendo al país a los vaivenes del capital financiero internacional. Además, criticaría la privatización de servicios esenciales como una forma de profundizar la alienación de la clase trabajadora, convirtiendo derechos básicos en mercancías accesibles solo para quienes pueden pagarlas.

Marx también alertaría sobre el impacto social de las políticas de Milei, que incluyen recortes drásticos en el gasto público y la eliminación de subsidios. Estas medidas, según Marx, no harían más que aumentar la pobreza y la desigualdad, exacerbando las tensiones sociales y llevando a una mayor explotación de la clase trabajadora. Para Marx, el libertarismo de Milei no es más que una máscara ideológica que oculta los intereses de las élites económicas, que buscan maximizar sus ganancias a expensas del bienestar colectivo.


La lucha de clases argentinas

Marx enfatizaría que, tanto en el gobierno de Macri como en el de Milei, la lucha de clases sigue siendo el motor de la historia. En Argentina, esta lucha se manifiesta en las tensiones entre los trabajadores, los movimientos sociales y las élites económicas que buscan mantener su poder y privilegios.


El filósofo vería con optimismo el surgimiento de movimientos sociales y sindicales, como los piqueteros y las centrales obreras (CGT, CTA), que luchan por mejores condiciones laborales y una distribución más justa de la riqueza. Sin embargo, también alertaría sobre los peligros de la cooptación de estos movimientos por parte del Estado o de intereses partidistas, lo que podría diluir su potencial revolucionario.


Marx diría que, para lograr una transformación real, es necesario ir más allá de las reformas dentro del sistema capitalista y avanzar hacia una reorganización radical de la sociedad, donde los medios de producción sean colectivizados y el poder esté en manos de la clase trabajadora. Esto implicaría no solo cambios económicos, sino también culturales y políticos, donde la democracia se extienda a todos los ámbitos de la vida social.


¿Se necesita una revolución socialista?

Marx diría que Argentina, como muchos otros países, está atrapada en las contradicciones del capitalismo. El gobierno de Macri, con su enfoque neoliberal, exacerbó las desigualdades y la explotación de la clase trabajadora, mientras que el gobierno de Milei, con su libertarismo extremo, profundiza estas tendencias, llevando al país a una crisis social y económica sin precedentes.


Para Marx, la solución no estaría en reformas parciales o en la dependencia de organismos internacionales, sino en una revolución socialista que ponga fin a la propiedad privada de los medios de producción y establezca una sociedad basada en la igualdad y la justicia social. Solo entonces, diría Marx, Argentina podría liberarse de las cadenas del capitalismo y construir un futuro verdaderamente emancipador para su pueblo.


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