Motosierra: EEUU y Argentina ante la crisis de deuda global
- Einjander
- 14 abr 2025
- 3 Min. de lectura
El mundo se encuentra al borde de lo que podría ser la mayor crisis económica desde el colapso de 1929, un precipicio financiero construido sobre décadas de deuda barata, políticas monetarias laxas y una globalización que ahora muestra sus costuras rotas. En este escenario apocalíptico, solo dos naciones han tomado la drástica medida de empuñar la motosierra antes de que el bosque les caiga encima: Estados Unidos y Argentina. Aunque separados por abismos de desarrollo económico, ambos países han optado por políticas de ajuste radical, anticipándose al colapso con una frialdad que el resto del mundo observa con mezcla de admiración y terror.
Estados Unidos, bajo el mandato de la Reserva Federal, ha iniciado uno de los ciclos más agresivos de aumento de tasas de interés en la historia moderna. Jerome Powell, su presidente, no ha dudado en sacrificar el crecimiento a corto plazo para domar una inflación que amenaza con corroer los cimientos mismos del dólar como moneda de reserva global. Los números son elocuentes: según el Bureau of Labor Statistics, la inflación interanual alcanzó el 9.1% en junio de 2022, su nivel más alto en cuatro décadas. La respuesta no se hizo esperar: tasas que pasaron del 0.25% al 5.5% en apenas dieciocho meses, un movimiento que ha enviado ondas de choque a través de los mercados emergentes y que ya ha quebrado varios bancos regionales.
Al sur del continente, Argentina ha tomado un camino paralelo, aunque con matices propios de su crónica inestabilidad económica. Javier Milei, el presidente que llegó al poder con una motosierra literal como símbolo de campaña, ha implementado un ajuste fiscal que incluye recortes brutales al gasto público, liberalización de mercados y una devaluación masiva del peso. Según datos del INDEC, la inflación interanual superó el 211% en 2023, cifra que justifica medidas extremas. El Fondo Monetario Internacional, en su último informe sobre el país, ha elogiado la "decisión valiente" de Buenos Aires, aunque advierte sobre los riesgos sociales de un ajuste tan abrupto.
La filosofía detrás de estas políticas es tan antigua como la economía misma: el concepto de "destrucción creativa" acuñado por Joseph Schumpeter en 1942. Ambos países han entendido que, en momentos de crisis existencial, es mejor controlar el colapso que ser víctima de él. Como escribió Nietzsche en "Así habló Zaratustra": "A veces uno debe destruir para crear". Estados Unidos y Argentina, cada uno a su manera, están aplicando esta máxima con una crudeza que desconcierta a Europa y Asia, atrapadas en una peligrosa ambivalencia.
Los argumentos periodísticos respaldan esta tesis. The Economist, en su edición del 15 de marzo de 2023, tituló: "La Fed elige la recesión hoy para evitar el caos mañana". Por su parte, el diario La Nación de Argentina publicó el 10 de enero de 2024: "Milei aplica la cirugía mayor sin anestesia que ningún otro gobierno se atrevió a hacer". Estos titulares reflejan una realidad incómoda: mientras el Banco Central Europeo vacila entre contener la inflación y evitar la recesión, y China intenta desesperadamente reflotar su mercado inmobiliario sin abandonar el control estatal, Washington y Buenos Aires han optado por el shock terapéutico.
Sin embargo, las diferencias son cruciales. Estados Unidos puede permitirse este ajuste porque el dólar sigue siendo el refugio global en tiempos de crisis, lo que le da un margen de maniobra que ninguna otra nación posee. Argentina, en cambio, juega una partida mucho más peligrosa: su ajuste se produce después de décadas de desmanes fiscales, con reservas internacionales exhaustas y una sociedad al borde del colapso. Como señaló el premio Nobel de Economía Paul Krugman en su columna del New York Times: "Lo que hace Estados Unidos por cálculo, Argentina lo hace por desesperación".
El tiempo dirá si esta estrategia de la motosierra anticipada fue visionaria o temeraria. Lo que es indudable es que, en el tablero global de la economía, solo dos jugadores han tenido el valor (o la desesperación) de mirar al abismo y decidir saltar antes de ser empujados. Como en la famosa escena de "El Padrino" donde Michael Corleone dice "es solo negocios", Estados Unidos y Argentina han entendido que, en economía, a veces hay que ser cruel para ser amable. El resto del mundo observa y espera, preguntándose si está presenciando una demostración de liderazgo económico o un doble suicidio controlado.
Al final, esta crisis podría recordarnos las palabras del filósofo Walter Benjamin: "El capitalismo no es solo un sistema económico, es una religión". Y como en toda religión, a veces se necesitan sacrificios rituales para aplacar a los dioses del mercado. Estados Unidos y Argentina han elegido ser los sumos sacerdotes de este rito particularmente sangriento, mientras el resto de la congregación económica mundial observa, rezando para no ser los próximos en el altar.
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