Un Habitante de Arrakis ante el Mundo Contemporáneo
- Einjander
- 2 jun 2025
- 4 Min. de lectura
El ciudadano de Arrakis, criado bajo el sol implacable de Dune, donde el agua es más valiosa que la sangre y cada gesto está impregnado de la crudeza de la supervivencia, observaría nuestro mundo moderno con una mezcla de fascinación y horror. Su mente, moldeada por la disciplina de los Fremen, la visión mesiánica del Kwisatz Haderach, y el constante acecho de la muerte en el desierto, interpretaría nuestras realidades sociales, políticas y filosóficas desde una perspectiva radicalmente distinta. No sería un mero espectador, sino un crítico implacable de nuestras contradicciones, un observador que, al carecer de nuestros velos culturales, vería con claridad meridiana tanto nuestras imposiciones ocultas como nuestras creencias más arraigadas.
Lo que Vería Común: Las Imposiciones y el Adoctrinamiento
Para el habitante de Dune, la manipulación de masas no sería un descubrimiento, sino una realidad cotidiana. En su mundo, la Bene Gesserit ha perfeccionado el arte del condicionamiento mental durante milenios, sembrando mitos religiosos como herramientas de control. Al llegar a nuestro tiempo, reconocería de inmediato los mecanismos de adoctrinamiento que consideramos "normales". Las religiones organizadas, con sus dogmas incuestionables, le parecerían variaciones de las Missionarias Protectivas, que usan la fe como instrumento de poder. Vería en el consumismo desenfrenado una versión degradada del culto al agua en Arrakis: mientras su pueblo venera cada gota por su valor real, nosotros derrochamos recursos sin conciencia, hipnotizados por la ilusión de la abundancia.
Las guerras por el petróleo le resultarían grotescamente familiares. En Dune, la especia melange es el centro de todo conflicto; aquí, el crudo desempeña el mismo papel. Pero lo que lo sorprendería no sería la lucha por los recursos, sino nuestra incapacidad para reconocerla como tal. Mientras los Fremen saben que pelean por la especia porque de ella depende su supervivencia, nuestras sociedades disfrazan las guerras económicas bajo narrativas de libertad, democracia o seguridad nacional. Para él, esta hipocresía sería prueba de un adoctrinamiento más sofisticado, pero no menos efectivo, que el de las prédicas de los Padishah Emperadores.
El control mediático le parecería una versión burda pero eficaz del entrenamiento mental de la Cofradía Espacial. Donde ellos usan el Voice para dominar la voluntad ajena, nosotros tenemos algoritmos que moldean nuestros deseos sin que lo notemos. Las redes sociales, con su ilusión de conexión y su realidad de aislamiento, le recordarían a las trampas mentales que los Bene Tleilax preparan para sus enemigos: cárceles invisibles donde el prisionero cree ser libre.
Lo que Vería Distinto: Las Creencias Filosóficas
Sin embargo, no todo le sería reconocible. Hay aspectos de nuestra filosofía que lo desconcertarían profundamente.
1. La Ilusión del Individualismo Extremo
En Arrakis, la supervivencia es colectiva o no es. Un Fremen que actuara por interés personal puro, sin considerar a su sietch, estaría condenado al ostracismo o a la muerte. Para él, nuestro culto al individuo —la idea de que cada persona es una isla autosuficiente— le parecería una locura peligrosa. ¿Cómo puede una sociedad funcionar si cada uno ve solo por sí mismo? ¿Dónde queda el sentido de comunidad, de destino compartido? Nuestra obsesión con la "autorrealización" a costa del grupo le resultaría tan absurda como pretender cruzar el desierto sin dejar rastro para que nadie pueda seguirte.
2. La Desconexión con lo Sagrado
Aunque los Fremen no son ingenuos respecto al uso político de la religión, su espiritualidad está ligada a la tierra, al clima, a la realidad tangible de su existencia. Nuestra tendencia a separar lo sagrado de lo cotidiano —a relegar la espiritualidad a iglesias o a experiencias privadas— le parecería una forma de esquizofrenia cultural. En Dune, lo divino está en la arena que quema, en el gusano que devora, en el agua que escasea. Aquí, hemos creado dioses de consumo, ídolos de entretenimiento, y llamamos "trascendencia" a la evasión.
3. El Miedo a la Muerte
Para un Fremen, la muerte es una compañera constante, y eso le da a la vida una intensidad que nosotros hemos perdido. Nuestra sociedad, obsesionada con la juventud eterna, con la medicalización del envejecimiento, con la negación de lo inevitable, le parecería patética. ¿Cómo puede un pueblo que teme tanto a la muerte entender el valor real de la vida? En Arrakis, mueres por el agua de tu tribu, por la supervivencia de tu gente. Aquí, morimos por accidente, por enfermedad, por violencia absurda, pero casi nunca por algo que valga la pena.
4. La Falta de Visión de Largo Plazo
El Plan Bene Gesserit abarca siglos; la estrategia de los Fremen para transformar Arrakis requiere generaciones. Nosotros, en cambio, vivimos esclavizados al presente inmediato: ciclos electorales de cuatro años, tendencias que duran meses, noticias que caducan en horas. Un habitante de Dune vería en esto nuestra mayor debilidad: la incapacidad de pensar más allá de nuestro propio tiempo.
Las Lecciones del Desierto
Si este fremen pudiera hablarnos, no nos condenaría por nuestra "modernidad", sino por nuestra ceguera. Nos diría que hemos creado un mundo tan complejo que ya no entendemos sus mecanismos, que hemos sustituido las cadenas visibles del poder por otras más sutiles pero no menos opresivas. Pero también nos señalaría nuestras fortalezas: la capacidad de cuestionarlo todo, incluso nuestras propias creencias; la posibilidad de cambiar de rumbo, aunque sea con lentitud; y, sobre todo, el hecho de que, a diferencia de los habitantes de Dune, aún no estamos atrapados en un destino predicho por profecías.
Al final, su mirada nos obligaría a enfrentar preguntas incómodas: ¿Realmente somos libres, o solo creemos serlo? ¿Nuestras guerras son más nobles que las suyas? ¿Nuestra espiritualidad es más auténtica? Y la más importante: ¿qué clase de mundo estamos construyendo para los que vendrán después, cuando ya no estemos aquí para verlo?
En el silencio del desierto, esas preguntas resuenan con una claridad que nuestra civilización, ahogada en ruido, ha olvidado cómo escuchar.
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