top of page

Un subibaja llamado PIB: el caso latinoamericano en 2025

  • Foto del escritor: Einjander
    Einjander
  • 25 abr 2025
  • 4 Min. de lectura

Las últimas proyecciones del FMI tiñen de prudencia el horizonte económico de América Latina. En el informe más reciente se estimó que el crecimiento regional apenas alcanzaría un 2,0% en 2025​, una merma marcada respecto al 2,4% registrado en 2024​ y muy por debajo del modesto 3,3% mundial esperado para ese año​. Estas cifras revelan un panorama de signos vitales económicos débiles, en el que la región figura como la más rezagada entre los países emergentes. El ajuste a la baja de 0,5 puntos porcentuales frente a la proyección previa es síntoma de esas tensiones globales: la desaceleración china, la fragilidad del comercio mundial y las incertidumbres políticas (incluyendo tarifas arancelarias) pesan sobre el potencial latinoamericano.

Los indicadores subyacentes ilustran las fuentes de esta debilidad. El FMI subraya que la actividad regional aún está “impulsada en gran medida por el consumo en medio de mercados laborales resilientes”, es decir, son las familias (y su empleo relativamente firme) las que sostienen el ritmo económico. Sin embargo, el saldo de ese proceso es desigual: la inflación sigue elevada y solo cederá gradualmente. El organismo proyecta que los precios descenderán paulatinamente, pero advierte que la mayoría de los países no alcanzará sus metas inflacionarias sino hasta 2026​. Además, factores externos influyen poderosamente en el PIB local. Por ejemplo, se anticipa una caída de las remesas procedentes de Estados Unidos, un “shock probablemente más persistente” que afectará con dureza a economías centroamericanas dependientes de esos ingresos​. Asimismo, los vaivenes de las materias primas añaden más incertidumbre: una crisis política o una escalada de conflictos podrían encarecer abruptamente la energía y los alimentos. El FMI señala que cualquier desaceleración global reducirá la demanda de los productos básicos latinoamericanos, un efecto amplificado por la apreciación del dólar estadounidense que agrava la ya de por sí costosa importación de insumos​.


La fotografía desagregada por países muestra disparidades marcadas. En el extremo luminoso, destacan dos casos: Argentina y Ecuador. Bajo programas de ajuste avalados por el FMI, Argentina se proyecta crecer un sólido 5,5% en 2025 (medio punto más que la previsión previa), alimentado por la recuperación del consumo interno y la baja base de comparación. Ecuador, con reformas fiscales similares, alcanzaría un modesto pero significativo 1,7%​. Ambos casos representan economías que, pese a sus desafíos, han logrado cierta resiliencia y “repunte importante” según el FMI​. En cambio, las dos locomotoras regionales se enfrían. Se espera que el PIB de México sufra una contracción del 0,3% en 2025​, tras haber implementado políticas monetarias y fiscales más restrictivas y sufrir la reducción de exportaciones a EE. UU. (como nota, el FMI lo atribuye a “políticas macroeconómicas restrictivas” y a la influencia de los aranceles estadounidenses). Brasil, la mayor economía de la región, crecería solo un 2,0% este año, un ritmo lento impulsado por la cautela interna en medio de políticas económicas más estrictas. Estos contrastes dan una cifra promedio engañosa: mientras la humilde media del 2,0% oculta realidades nacionales, algunos países vecinos también enfrentan nubarrones. (Por ejemplo, economías ligadas a la exportación de minerales o petróleo podrían resentir la menor demanda global, y naciones con alta deuda pública o inflación crónica verían su margen de maniobra aún más limitado.)


Este delicado equilibrio entre luces y sombras invita a reflexiones profundas. En términos de oportunidades, la previsión señala que la moderación del crecimiento aún se apoya en cimientos palpables: el consumo privado se mantiene activo, y las reformas estructurales prometidas (finanzas sanas, inversión en infraestructura y educación) podrían recomponer la confianza y los márgenes de crecimiento a mediano plazo. Un escenario positivo supondría que la inflación siga cediendo sin explosiones de precios, que el mercado laboral continúe creando empleo y que los avances tecnológicos y de integración regional impulsen la productividad. Sin embargo, los riesgos son palpables y numerosos. La prolongación de conflictos geopolíticos (en Oriente Medio o una recaída de la guerra comercial) podría frenar la inversión global y encarecer los bienes básicos; una profundización de la desaceleración en China u otras economías clave socavaría las exportaciones latinoamericanas; e incluso en el seno doméstico, un giro errático en las políticas fiscales o sociales podría ahuyentar capitales y encender presiones inflacionarias inesperadas. El FMI subraya, por ejemplo, que los aranceles adicionales de EE. UU., aunque en promedio moderados, representan un lastre y que cualquier nueva oleada de proteccionismo tendría un efecto perturbador en una región dependiente de mercados externos. En suma, existe la promesa de un aliento pasajero, pero también acecha la sombra de una estanflación global cuyo impacto sería especialmente duro en América Latina.


Desde un punto de vista humano y filosófico, resulta inevitable preguntarse si un PIB que roza el 2% puede considerarse éxito o advertencia. Este ensayo, lejos de ser mera tecnocracia, argumenta que la senda futura depende tanto de las personas como de los números. Si bien el leve repunte económico podría traducirse en mejoras sociales marginales, también refleja persistentes iniquidades estructurales: la medición del PIB no capta ni la disparidad de ingresos ni el agotamiento ambiental. En la balanza de lo posible frente a lo posible, América Latina se encuentra en una encrucijada conceptual: ¿se valorarán las proyecciones como faros de esperanza o se interpretarán como indicadores de vulnerabilidad? El FMI ha trazado un mapa ambiguo –un terreno donde los números cuentan una historia apenas esbozada–, y sobre este lienzo la región deberá decidir si cultiva la prudencia con reformas profundas o sucumbe al espejismo de una coyuntura pasajera. El futuro económico y humano de Latinoamérica se verá así condicionado tanto por la sabiduría de las decisiones políticas como por la fría aritmética de los pronósticos. Solo el tiempo revelará si el 2,0% de crecimiento de 2025 fue semilla de resiliencia o presagio de un ciclo más lúgubre.

Entradas recientes

Ver todo

Comentarios


bottom of page